CAMELLO

    Muchas cargas soporta el espíritu cuando está poseído de reverencia, el espíritu vigoroso y sufrido. Su fortaleza pide que se le cargue con los pesos más formidables.

    “¿Qué es lo más pesado?”, se pregunta el espíritu sufrido. Y se arrodilla, como el camello, en espera de que le carguen.

     “¿Qué es lo más pesado, oh héroes?”, se pregunta el espíritu sufrido para cargar con ello, y que le regocije su fortaleza.

     Lo más pesado, ¿no es arrodillarse, para humillar la soberbia? ¿Hacer que la locura resplandezca, para burlarse de la propia sabiduría?

     ¿O bien separarse de los suyos, cuando todos celebran la victoria? ¿O escalar las elevadas montañas, para tentar al tentador?

     ¿O acaso alimentarse de las bellotas y los yerbajos del conocimiento, y padecer hambre en el alma por amor a la verdad? ¿O acaso estar enfermo y mandar a paseo a quienes intentan consolarnos, para trabar amistad con los sordos, con aquellos que jamás oyen lo que uno desea?

     ¿O tal vez zambullirse bajo el agua sucia, cuando es ésta  el agua de la verdad, sin apartar de sí las frías ranas y los calientes sapos? ¿O tal vez amar a quienes nos desprecian, y tender la mano a cuantos fantasmas se proponen asustarnos?

     Todas esas pesadísimas cargas toma sobre sí el espíritu sufrido; a semejanza del camello, que camina cargado por el desierto, así marcha él hacia su desierto.”

       (F. Nietzsche, “Así habló Zarathustra”)

 

                                                           

         

 

 

     

 

 

 

 

   

 

 

                                                    

   

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