Escena XIV

    

(Alrededor de una mesa camilla están Fernando y Alberto, compañero de Chelo.)

 

Helena:  Fernando estudia filología inglesa,  Alberto, filología alemana.

Alberto:  Has oído bien. Chelo y yo estudiamos el idioma de Marx.

Fernando:  Y de Hitler.

Alberto:  Era austriaco.

Fernando:  Pero hablaba alemán. ¡Hey Hitler! (Se levanta imitándole).

Alberto:  No hagas el payaso que aún queda mucha tarde.

Fernando:  Ellos tienen la última palabra en cuestiones lingüísticas. Son los encargados de velar por la pureza de la traducción. Como ves el pueblo siempre tiene razón: lo que se estudia se pega.

Alberto:  ¿De qué hablas? Eres un liante. No le hagas caso.

Fernando:  No me llames mentiroso delante de un extraño, podría pensar que es verdad. Cuando discutimos sobre algún concepto marxiano, ¿quiénes son los encargados de comprobar si el término alemán entre paréntesis coincide con la traducción castellana?Chelo y tú ¿no? ¿Es o no verdad que sois los guardianes de la pureza conceptual?

Helena: Fernando déjate de coña. Y, por favor, no aproveches cualquier cosa que diga Rafael para discutir. Estamos aquí para aprender economía. Salvador va a pensar que le he mentido si ve, como ocurrió la semana pasada, que nos pasamos la tarde discutiendo de política. Ya tenemos bastante con el día a día en la facultad. Además que quede claro que todos somos antifascistas.

Fernando:  ¿Estudias o trabajas? (Dirigiéndose a Salvador)

Salvador:  Estudio filosofía como Helena.

Fernando: Me lo temía. ¿Es que no hay obreros marxistas?, o, al contrario, ¿hay algún estudiante que no lo sea? A ver quién resuelve el enigma. Y hablad sin miedo que el acertante no va a acostarse con su madre ni a quedarse ciego. ¿Cómo se explica que, siendo los estudiantes los únicos que luchan contra la dictadura asientan sin discusión, que el proletariado es la única clase revolucionaria? ¿Alguien ha visto alguno en un seminario, repartiendo octavillas o gritando contra Franco? Yo, no.

Helena:  Es una cuestión de estrategia política. Para trabajar entre obreros tienes que ser uno de ellos. ¿Crees que iban a aceptar como dirigente a alguien que no habla su mismo idioma? Y, por supuesto que participan en los saltos y en el reparto de propaganda, pero ninguno lleva un cartel escrito en la cara.

Fernando: Déjate de historiasTodos sabemos de qué pie cojea la lucha antifranquista, ¿o temes que tu nueva conquista no vuelva más, cuando se entere que somos cuatro estudiantes y poco más?

Chelo:  No recuerdo haberte visto antes.

Fernando:  Se refiere al bar. El bar es el santuario de todos los rojos de la facultad. El que no lo pisa, al menos una vez en su vida, políticamente no existe.

Salvador: El otro día os vi colgar un cartel. ¡Qué cachondeo! Un amasijo de cuerpos sin rostro, y brazos, docenas de brazos. Era imposible identificar a los autores entre tanta gente. La poli lo tiene crudo.

Fernando: El bar es el único lugar donde conviven en fraternal armonía ácratasleninistas, guevaristas y maoístas.

Helena:  Y troskistas.

Fernando:  Por supuesto, con permiso de papá Stalin.

Salvador:  Pensé que los sociales iban a seguiros o a quitar el cartel, pero ni se inmutaron. Así que me acerqué a leerlo. Como no entendí muy bien de lo que hablaba, acudí a la asamblea informativa que había convocada a las doce. Y, gracias a Helena, me enteré qué es el juicio de Burgos.

Fernando: Cuenta, cuenta nosotros tampoco tenemos ni idea. Helena se lo guarda todo para ella y para sus admiradores.

Salvador:  Unos gudaris

Helena:  No le hagas caso, está bromeando.

Fernando:  Hablo en serio, continúa.

Salvador:  Unos gudaris vascos van a ser juzgados por la dictadura.

Fernando:  Gu…¿qué?

Salvador:  Gudarissoldados, combatientes, luchadores.

Fernando: Se ve que la jerga militar no entiende de clases ni de bandos. ¿Qué han hecho?

Salvador:  Luchar por la libertad de Euskadi.

Fernando:  ¿Euskadi? ¿Qué es Euskadi? Suena rarísimo.

Salvador:  Una nacionalidad. El pueblo de Euskadi tiene derecho a decidir por sí mismo

Fernando: Vale. Conozco la canción. ¿Dónde queda eso de Proletarios de todos los países, unios”? Los comunistas no luchamos por la justicia en un país sino de todos los hombres. Si los obreros no eliminan las fronteras será una revolución burguesa.

Helena: Nadie lo discute. Pero no olvides que luchar contra la dictadura es un paso más hacia la libertad. Por eso los comunistas apoyamos el derecho de todos los pueblos a la autodeterminación. Todos los luchadores antifascistas sin importar su tendencia política debemos unirnos contra la dictadura. No es el momento de hacer proselitismo sino de luchar contra el fascismo. Tú está aquí ¿no?

Fernando:  De momento sí, pero ¿por cuanto tiempo? A nuestro dirigente invitado no le resulto grato. Soy un ejemplo viviente de democracia proletaria.

Helena: No es cierto. Discutir enriquece el movimiento revolucionario. Nadie pretende expulsarte. Aquí hay gente de diferentes tendencias.

Fernando: Escuchándote, es fácil comprender por qué caen rendidos a tus pies. El problema es que no todos juegan limpio. Vuestras miradas y vuestro tono de voz os delatan. Es un troskysta” –espetáis despectivamente como si fuera un apestado. No lo niegues. No soy estúpido. ¿No creerás en serio que la gente os sigue por vuestras ideas políticas? No sois tan ingenuos. Sois expertos roedores, roedores de mentesDéjame adivinar, ¿cuándo le echaste el ojo?

Helena:  ¿De qué hablas?

Fernando:  No te hagas la ingenua, de Salvador.

Salvador: ¿De mí? He conocido a Helena en la asamblea. Chelo acaba de decir que nunca me había visto en el bar.

Fernando: Se nota que, aún, no estás en el bote. La sinceridad es lo primero que un revolucionario sacrifica. La verdad no casa bien con la política, es decir, con el poder. Y, ¿a qué otra cosa aspiramos sino al poder? Si sigues en su compañía no tardarás en cambiar. Pondría la mano en el fuego que te echó el ojo hace un par de semanas. Una vez descubierta la presa habrán trazado un plan. Y lo habrá seguido metódicamente, con paciencia china nunca mejor dicho. Porque no creas que va por libre. No, no, nada de eso. Apuesto a que supervisa la operación nuestro lider que, por cierto, se retrasa. (Dice mirando el reloj)

Salvador:  Te repito que nunca habíamos hablado hasta ese día. Además fui yo el que se acercó al finalizar la asamblea. Quería que me aclarara algunas consignas que había leído en el cartel que pusisteis en el bar.

Helena: Aprovecho para darle las gracias a Salvador. Si no hubiese sido por su rápida reacción estaría en comisaría. La poli pensó que saldríamos despavoridos, pero le salió el tiro por la culata.

Alberto:  Algo he oído. Y se lo comenté a Chelo. Pero, como la cita de hoy, seguía en pie, no le dimos importancia.

Chelo:  Déjala hablar.

Helena: Después de pegar el cartel subí a clase. Le dije al profesor que nos íbamos a poner en huelga, pero que no se marchara hasta que informara a los compañeros. Me contestó que tenía ordenes de salir inmediatamente del aula que sólo disponía de unos minutos mientras recogía. En cuanto le vieron salir entró la policía. Desde la tarima empecé a gritar: ¡Libertad! ¡Libertad! El guerrillero de la clase intentó agredirme. Entonces Salvador le dio un empujón, y salimos corriendo.

Fernando:  O sea que fue un encuentro casual.

Salvador:  Ya te lo había dicho.

Fernando:  ¿Helena?

Helena:  Sí, fue un encuentro casual. ¿Estás contento?