Escena XXVII

(Se apaga la luz. Helena y Salvador sentados en un banco junto a un parque)

 

Helena:  Han detenido a Rafael.

Salvador: ¿Estás segura?

Helena:  Sí

Salvador:  ¿Has avisado a los camaradas?

Helena:  Claro. ¿Por qué no acudiste a la cita? Estuve aguardando más de una hora.

Salvador: Cuando te vi agarrada del brazo de aquel hombre, intenté alcanzarte. Pero, al tratar de saltar por encima de los coches aparcados, caí al suelo. Debí de perder el conocimiento porque, cuando me desperté, eran casi las once. Vine lo más rápido que pude, pero ya te habías ido. Supuse que estarías preocupada por eso subí a tu casa.

Helena: ¿Cómo sabías dónde vivía?

Salvador:  Al principio de conocerte, quise saber más de ti y te seguí.

Helena:  ¿Me espiaste?

Salvador:  No, te seguí una vez, sólo una vez y, sin embargo

Helena: ¿Qué?

Salvador:…me pareció que había estado aquí antes.

Helena: No vuelvas a seguir a nadie, pueden pensar que eres un confidente.

Salvador: Sabes muy bien por qué te seguí.

Helena: Ya está hecho, déjalo. Lo importante es que no te han cogido. Debes estar pensando que soy una egoísta. Acabas de salir de la cárcel, y ni siquiera te he preguntado cómo te encuentras. Supongo que habrán sido una experiencia terrible.

Salvador: Llevo unas horas libres y tengo la sensación de haberlo estado siempre. Si no fuera por la capacidad de olvidar, no lo resistiríamos. ¿Qué piensas hacer?

Helena: Mañana voy a ir a la D.G.S.

Salvador:  ¿Sola? Es muy peligroso podrían detenerte.

Helena:  Iré con un abogado, es laboralista pero me va a acompañar.

Salvador:  ¿Con tu tío?

Helena:  ¿Cómo sabes que es mi tío? ¿También le seguiste a él?

Salvador:  No sé, lo he dicho sin pensar. Quizás por el apellido o me hablaste alguna vez de él.

Helena:  Nunca hablo de mi familia.

Salvador: Pues conmigo sí. Recuerdo haberte oído decir que tus abuelos eran de Santander.

Helena:  Te mentí.

Salvador:  ¿Por qué?

Helena:  Por seguridad, cuando se trabaja en la clandestinidad no se puede decir la verdad a nadie. Es muy peligroso. Y lo sabes.

Salvador:  Está bien. ¿Te dijo Rafael para qué quería verte?

Helena: Sí, pero dejémoslo para otro día, estoy muy cansada. Además ya tomaste la decisión, ¿no?

Salvador:  ¿Qué nombre pondrías a tu hijo?

Helena:  ¿A mi hijo? ¿A qué viene eso ahora? Que yo sepa no estoy embarazada.

Salvador:  Contesta, por favor. ¿Cómo le pondrías?

Helena: Máximo, no creo que Rafael me dejara ponerle otro que no fuera el de su admirado escritor.

Salvador:  ¿Y si fuera niña?

Helena:  Ahora mismo le llamaría Libertad. Mañana no sé.

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