Escena XXVI

(Se apaga la luz. En la consulta del psicólogo. Salvador continúa hipnotizado)

Psicólogo:  ¿Qué hace ahora?

Salvador:  Paseo  por la calle.

Psicólogo:  ¿Y la cita?

Salvador:  ¿Qué cita?

Psicólogo:  La de seguridad. Tenía que encontrarse con Helena, ¿lo ha olvidado?

Salvador:  ¿No ha oído? Van a celebrar el triunfo de la izquierda, y yo sin saberlo. ¿No es extraordinario? Vergüenza debería darles llamar de izquierda a un partido que va a consolidar el capitalismo en España. ¿Pragmático? Burgués disfrazado le llamaría yo. Si Franco hubiera sospechado que ésta era la izquierda contra la que luchaba, se hubiese muerto hace años. ¡Diez millones de votos! No sabía que hiciera falta tanta gente para hacer la revolución en España.

Psicólogo: Está en mil novecientos setenta y cinco. Franco aún no ha muerto. Tiene que encontrarse con Helena.

Salvador:  Estamos en mil novecientos ochenta y tres. Franco hace mucho que ha muerto.

Psicólogo: Retroceda. Vuelva a la noche del veintinueve de mayo de mil novecientos setenta y cinco. ¿Qué hace?

Salvador:   Estoy agotado. Necesito dormir. Voy a echarme en un banco.

Psicólogo: Está bien. Ya ha dormido bastante. Está a punto de amanecer. Va a coger frío. Levántese. ¿Qué le ocurre? Está muy nervioso.

Salvador: Hemos estado celebrando una despedida de soltero, y me he quedado dormido.

Psicólogo:  ¿Con quién habla?

Salvador:  Con la policía.

Psicólogo:  ¿De qué fiesta habla?

Salvador:  ¿Fiesta?

Psicólogo:  Acaba de decir a la policía que ha estado en una despedida de soltero.

Salvador: Era una coartada. Sabía que se lo tragaría. No iba a decirle que venía de participar en un salto.

Psicólogo:  ¿Qué salto?

Salvador:  El de Aluche. Me dieron una cita con Helena, pero no he podido hablar con ella. Mañana intentaré localizarla.

Psicólogo:  Pero, ¿no estaba en una cena celebrando la victoria de la izquierda?

Salvador:  ¿Qué victoria? El salto ha sido una escabechina.

Psicólogo:  Entonces, ¿Franco vive?

Salvador:  No me hubiesen dejado salir de la cárcel si el fascista ése hubiera muerto. Además el ejército no ha tomado las calles ni se ven barricadas. El muy cabrón sigue vivo.

Psicólogo:  ¿Cómo va a contactar con Helena si ha llegado tarde a la cita de seguridad?

Salvador: Iré a su casa. Se trata de una emergencia. Aunque quizás se haya quitado de en medio. Voy a llamar al telefonillo y le diré que baje. Sé que vive en el tercero, pero no sé la letra. Llamaré a uno cualquiera. Un momento, sale un vecino voy a subir. Tengo la sensación de haber estado en esta casa.

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