Escenas XXIV

(Consulta del psicólogo. Salvador está echado en el diván)

 

Psicólogo: Relájese. Y mire fijamente el reloj…Está cansado, muy cansado apenas si puede mantener los ojos abiertos, los párpados le pesan, necesita dormir, descansar. Cierre los ojos y duérmase. Va dormir profundamente. Y, cuando oiga un chasquido, se despertará, no recordará nada, absolutamente nada. Son las diez de la mañana del veintinueve de mayo de mil novecientos setenta y cinco. Acaba de salir de la cárcel después de permanecer dos años en Carabanchel. Tiene una cita con Helena a la una. ¿Lo recuerda? (Salvador asiente) ¿Dónde han quedado citados?

Salvador:  En el parque del Oeste.

Psicólogo:  ¿La ve?

Salvador:  No.

Psicólogo:  ¿Está seguro? Acérquese al banco en el que han quedado, ¿la ve ahora?

Salvador:  No.

Psicólogo:  ¿Hay alguien?

Salvador:  Sí, el camarada Gorki.

Psicólogo:  ¿Ve a Rafael?

Salvador: , está leyendo un periódico.

Psicólogo: No le interrumpa. Déjelo. Usted a quien quiere ver es a Helena. Está deseando hablar con ella porque no se fía de sus camaradas. Le han asegurado que podrá encontrarse con ella en Aluche. ¿A qué hora? Dígame, ¿a qué hora es la nueva cita?

Salvador:  El salto será a las nueve.

Psicólogo:  ¿Y si no va?

Salvador:  Ella irá.

Psicólogo:  ¿Y si no consigue verla?

Salvador:  La veré en la cita de seguridad.

Psicólogo:  ¿Qué sucede? Está muy nervioso.

Salvador:  La plaza está tomada por la policía. Alguien ha dado el soplo.

Psicólogo:  ¿Cómo lo sabe?

Salvador:  Huelo la poli a distancia. Tengo que avisarles. Si saltan los detendrán, será una escabechina.

Psicólogo:  No se preocupe, también ellos habrán detectado la presencia de la policía.

Salvador:   A ellos no les importa.

Psicólogo:  ¿A quiénes?

Salvador:  A los dirigentes. El Partido necesita mártires.

Psicólogo:  Tranquilícese. Ni a usted ni a Helena les detuvieron. No les va a pasar nada. Cálmese.

Salvador:  Están gritando.

Psicólogo:  ¿Quiénes?

Salvador: Han saltado. Sabía que saltarían. “Abajo el fascismo” “¡Libertad!” “¡Libertad!”. La policía está taponando las calles no podrán salir. Tengo que sacar a Helena.

Psicólogo:  ¿La ha visto?

Salvador:   No, la gente corre de un lado para otro. La policía ha bajado de las camionetas y golpea con las porras a los manifestantes. Ya la veo. Está junto al escaparate.

Psicólogo:  ¿Qué está haciendo?

Salvador:  Intento llegar hasta ella, pero no puedo avanzar.

Psicólogo:  ¿Y ahora?

Salvador:  Se ha cogido del brazo del dependiente que estaba echando la reja. Se aleja. Tengo que alcanzarla.

Psicólogo:  Salga. Ella está a salvo.

Salvador: Los grises han acordonado la calle. Intentaré pasar por un lateral. Me han visto. Corren hacia mí.

Psicólogo:  Tranquilícese, no le va a pasar nada.

Salvador:  No me dejaré coger. No volveré a la cárcel.

Psicólogo:  Le repito que no le va a suceder nada.

Salvador:  ¡Cabrones! No me vais a pillar. ¡Aaaah!

Psicólogo:  ¿Qué ocurre? ¿Le han golpeado? Ha debido perder el conocimiento. Despierte. ¿Me oye?

Salvador:  ¿Dónde estoy?

Psicólogo: Ya ha pasado todo. Se dirige a la cita de seguridad, ¿recuerda? Tiene que reunirse con Helena.

Salvador:  No está. Se ha marchado.  Son la once y la cita de seguridad era a las diez.

Psicólogo:  ¿Por qué se ha retrasado?

Salvador: Me he dado un golpe en la cabeza, cuando me he despertado la plaza estaba desierta.

Psicólogo:  ¿Le ha golpeado la policía?

Salvador:  Con un coche, al saltar por encima resbalé y caí al suelo. He debido perder el conocimiento. Tengo que ver a Helena. Creerá que me han detenido. Mejor espero hasta mañana, no puedo presentarme en su casa. Se supone que no sé donde vive. Tengo que ir, mañana puede ser tarde.

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