Afrodita y Eros

 

     Melancolía y tristeza no caben
en la aljaba del travieso niño”,
me recrimina Catulo viéndome
sollozar a los pies de la diosa.

     Pero, cuando coloco entre sus brazos
el ramo de flores blancas,
siento en mi corazón sus manos tibias
y sus ojos cómplices,
pues todos los sentimientos
buscan cobijo entre sus alas.

 

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