Carta Romana XII

     

     “No creer que se sabe lo que se ignora es -en opinión de Cicerón- la única y más perfecta sabiduría. Seguro que el esponjoso Montaigne habrá escrito algo parecido en alguno de sus ensayos, incluso con las mismas palabras, aunque luego se queje: Sé que tendrá relación con algún criterio antiguo y no faltará quien diga que de él lo he tomado”, y con razón porque no hay dos opiniones iguales.

    Además si la variedad y la diversidad son la esencia de la vida, tendrán que existir creadores,copistas, falsificadores e imitadores. Y, más aún, si no buscamos remedios para nuevos males, porque haya nacido en el V a.C, en el siglo II d.C, en siglo XXI y en el XXV, vivido en Atenas, Roma, Cádiz y las lunas de Júpiter, las causas del hastío, del cansancio, de la desgana, del desinterés, de la injusticia y del sufrimiento serán siempre las mismas, aunque la posología dependa del momento, de la manera de ser del enfermo y de la habilidad del médico. Séneca, por ejemplo, recomienda no dar lecciones sino a quien esté dispuesto a escucharlas, Montaigne imitar a los médicos que cuando no pueden extinguir el catarro, lo desvían hacia otro lugar menos peligroso. Yo he visto -asegura- que ésta es la más común receta para las enfermedades del alma, Plutarco esperar el momento oportuno: Dirigirme a ti, entonces, inmediatamente después de su muerte, y exhortarte a que soportaras humanamente tu desgracia, no era apropiado, pero ahora, después que el tiempo, que todo lo suele calmar, ha pasado creí que era bueno enviarte unas palabras de consuelo .  

    En mi opinión, la eficacia de los remedios depende más del carácter de los hombresque de la afinidad, la distracción y el tiempo, porque me cuesta imaginar a Séneca siguiendo los consejos de Lucilio y, a Montaigne, siguiendo los de Séneca. Y no es por su inteligencia, experiencia y eficacia de sus convicciones, sino por naturaleza. Hay personas que poseen capacidad innata para la música, para mandar, para imaginar y para curarse a sí mismas, como Cicerón que herido por el destino asegura haber encontrado en la filosofía remedio a su dolor, y Montaigne en sus Ensayos: Fue un humor melancólico, hijo de la tristeza, de la soledad, el que primero me atrajo a todo este sueño de meterme a escribir.

    Y no se trata de imitarlos, no hay error más extendido, ni mayor fuente de infelicidad que pensar que la medicina que ha curado a unos, necesariamente curará a otros, sino de buscar en uno mismo, porque quienes no tienen ningún recurso interior con el que vivir bien y felizmente, cualquier edad, enfermedad, dolor, muerte, en fin todos las vicisitudes de ese conglomerado llamado vida son pesados; en cambio, a los que buscan en sí mismos todas las cosas buenas, no puede parecerles malo lo que la naturaleza le proporciona de forma ineludible”. ¿Por qué? Porque lo inevitable se espera no se cuestiona.

    Quizá te preguntes si ese sabio consejo es de Lelio, San Agustín, Santo Tomás o Céfalo. Podría ser de cualquiera porque la naturaleza humana es la misma para todos. Pero si eres de los que reniegan de sus raíces, o sientes adoración por el lenguaje de la física y las matemáticas, llámalo necesidad o resilencia en vez de resignación o paciencia. Sea cual sea el nombre que elijas, recuerda que no se trata sólo de seguir la naturaleza, la mejor guía, igual que si fuera un dios, y en obedecerla, sino de reflexionar, comprender, asimilar, interiorizar, en fin de la conciencia. Y si piensas que, consciente o no, los hechos no cambian es que desconoces su fuerza, aunque su eficacia no sea igual para todos.

    Es curioso, sin embargo, que sabios e ignorantes, conociéndose a sí mismos y avanzando con pies de barro, concluyan, generación tras generación, que podemos imaginar, suponer, opinar, pero no estar seguros de nada. Y no es un problema técnico sino natural. Si la conciencia de nuestra ignorancia es la máxima sabiduría que podemos alcanzar, la ignorancia será, para el alma, tan infranqueable como la velocidad de la luz para la materia. ¿Por qué? Porque si pudieran rebasarse, ni la sabiduría ni la ignorancia serían equivalentes, ni la energía igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado, siendo ambas ecuaciones falsas. Pero no te preocupes porque si algún espécimen u objeto lo consiguieran, como suele suceder, ya inventarán otra ecuación tan inexorable y verdadera como la falsa.

    Es el inconveniente de trasplantar el razonamiento lógico-matemático a las incertidumbres de la vida. Pero esa jibarización, ese ansía desmedida de control, de dominio, ese aparentar ser más de lo que somos no es orgullo ni resentimiento, como piensan algunos, sino instinto de supervivencia. Una hermosa manera de engañarnos, de tratar de superar nuestras limitaciones, miedos e inseguridades. Y no podemos aducir ignorancia, pues ya Epicuro advertía que era mejor creer en los mitos sobre los dioses que ser esclavos de la predestinación de los físicos; porque aquéllos nos ofrecían la esperanza de llegar a conmover a los dioses con nuestras ofrendas; el destino, en cambio, es implacable. Claro que religión-ciencia, verdadero-falso, bueno-malo sólo son disyuntivas para las mentes maniqueas que ven el mundo bicolor sin grados ni matices, olvidando que nuestra voluntad -como recuerda a Meneceo-  es libre. Y no cuestiono el argumento de Zenón ni los fundamentos de la física porque, aunque sabemos por experiencia que Aquiles alcanzará la tortuga, tampoco pondría la mano en el fuego si, según el experimentado Montaigne,mientras más se escruta y conoce menos se entiende.

    Pero si casi todos los antiguos sostuvieron que nada puede conocerse, ni comprenderse ni saberse, que los sentidos son limitados; la inteligencia débil y breve el espacio de la vida; que la verdad yace sumida en lo profundo; que todo es del dominio de lo opinable y convencional, que nada pertenece a la verdad y que, todo, está rodeado de tinieblas. ¿Por qué Séneca y Epicuro se vanagloriaban de que Teodoro abandonara el estudio de las matemáticas, y Lucilio leyera un solo libro como si la erudición fuera una pérdida de tiempo? ¿Por qué exhortaban a meditar como si sus máximas y epístolas pudieran curar la ignorancia? ¿Por qué abrían escuelas en vez bibliotecas? ¿O seguían sus consejos en lugar de memorizar refranes y proverbios?

    Aunque hubiera sido inútil, porque si la experiencia individual y colectiva sirviera para enmendarnos, no nos pasaríamos, generación tras generación, imaginando paraísos como Hesíodo (Vivían como dioses, con el corazón libre de preocupaciones, lejos y apartados de penalidades y miserias….morían como dominados por el sueño….el campo producía espontáneamente fruto abundante….y ellos, tranquilos y contentos, se ocupaban de sus faenas en medio de múltiples bienes), la Biblia (Plantó Yavé un jardín en Edén….hizo brotar en él toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal….y puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cultivase y guardase), Moro (La finalidad principal de la constitución de Utopía es favorecer el cultivo de la inteligencia y el mejoramiento del espíritu, pues consideran que en ello reside la mayor felicidad de la vida humana), Marx (En la sociedad comunista, donde nadie se verá adscrito a una esfera exclusiva de actividad, sino que podrá realizarse personalmente….me permitirá hacer hoy una cosa y mañana otra, cazar por la mañana, pescar por la atardecer y hacer de crítico después de cenar, según mis inclinaciones) y Bakunin (Llegará el tiempo en que sobre las ruinas de los Estados políticos se fundará, en plena libertad y por la organización de abajo a arriba, la unión fraternal libre de las federaciones, sin ninguna distinción, como libres, de todas las lenguas y de todas las nacionalidades), ni persiguiéndolos como si el Cosmos, la Naturaleza, Dios, los Dioses, el Espíritu, la Materia y la Historia fueran conscientes de nuestra existencia.

    Pero que sean inútiles, perjudiciales y letales para los demás, no significa que lo sean para ellos. Pues si ser uno mismo es condición indispensable para ser feliz, ¿qué mejor manera de vivir que haciendo lo que nos gusta? Aunque, a veces, las fantasías, cuando se hacen realidad, también diezman, destruyen y aniquilan a sus creadores. ¿Culpables? ¿Es que lo son los que jalean sus desvaríos y celebran sus sueños? Dejemos la cosa en sí, la verdad revelada, la auténtica realidad a videntes, chamanes e iluminados, y describamos no el ser sino el que muestra al pasar. Y que cada uno juzgue como le plazca porque, nos guste o no, la naturaleza humana será siempre la misma. Y el mundo -como recuerda nuestro comensal- es incapaz de curarse.

     No pienses que les doy la razón, porque si fueran tan sabios como dicen, no confundirían a las personas con el ser humano, ni al ser humano con los dioses, ¿o no saben, por experiencia, que lo que perjudica a unos, beneficia a otros, y que procedemos por evolución de otros animales? Comprendo que Montaigne piense que hubiese hecho el mundo de otra manera, que Platón añore el mundo inmutable y perfecto de las Ideas, y que nos cueste dominar algo tan baboso e informe como el lenguaje. Pero si practicaran no confundirían las personas de los verbos. No dirían aléjate a toda vela de la cultura sino me alejé a toda vela de la cultura, ni el mayor problema lo tienes contigo, tú eres el que te creas las dificultades sino el mayor problema lo tengo conmigo, yo soy el que me creo las dificultades ni la virtud basta para la vida feliz sino la virtud me basta para ser feliz. Y, dominada la gramática, se ocuparían menos de los demás, porque sus consejos podrían no ser productos de la razón, sino del carácter.  

    Y si la manera de ser, no el modo de producción y el placer, determinara en última instancia la conducta y el pensamiento de los individuos, la ecuación (Carácter = Conducta + Pensamiento) sería, para las ciencias sociales, tan trascendental, como para la física, E = m . c al cuadrado y E = h. v. Pues si la sabiduría y la ignorancia fuesen innatas, como el valor, la cobardía, el tesón y la inconstancia, sabios, religiosos y revolucionarios no tendrían que preocuparse de la coherencia y atractivo de sus teorías éticas y políticas, ni tendrían que evangelizar, concienciar ni hacer proselitismo, les bastaría con confeccionar un test, o un perfil que permitiese buscar y reunir a las personas de carácter similar al suyo, o que siendo distinto, se planteen los mismos interrogantes o parecidos, porque somos cristianos como somos alemanes o franceses. Y si eres devoto de la multiculturalidad y el diálogo entre civilizaciones, y crees en la bondad natural, en la libertad, igualdad y fraternidad de los seres humanos, cambia cristiano, alemanes y franceses por hindú, musulmán, comunista, ecologista, progresista, izquierdas, derecha, centro, mujer, hombre y ateo. Te sorprenderá comprobar que su frescura sigue intacta.

    No sé si la ecuación (C = C + P) explica mejor, que el placer y el materialismo histórico, por qué Séneca y Epicuro, siendo sus maneras de ser y pensar tan dispares, condenan los mismos estudios, saberes y aficiones. Pero si el dogmatismo, la empatía, la crítica no están condicionados por el modo de producción, ni por los deseos materiales, sino por el carácter, lo que perjudica a unos podría beneficiar a otros, como el saber, por ejemplo, para la mayoría el elixir que cura todos los males y, para Montaigne, útil accesorio de un  alma elevada, pero pernicioso y dañino para otros. Claro que las palabras no significan lo mismo para todos. Séneca, cuando asevera: Si aprecias mucho la libertad, todo lo demás debes apreciarlo poco, entiende por libre no esclavizarse a cosa alguna, a necesidad alguna, a contingencia alguna, Cicerón no tener ningún dueño, Montaigne tener el dominio absoluto de sí mismo, yo juzgar sin prejuicios, coacciones ni autocensuras ideológicas.

   “Entonces la hipótesis no es válida porque, si lo fuera, la comunicación sería imposible. Es el inconveniente de razonar a la manera matemática”, concluyes irónicamente. Pero la incomunicación sólo afectaría a aquéllos cuyas maneras de ser fuesen incompatibles. Y como la vida es gradación, no un compartimento estanco, sólo en determinados temas y momentos,  sería imposible. Y, para dilucidar el problema, sustituiremos la idea de “cosa” por el concepto de “campo”. Y si crees que no es coherente aprovecharse de la física y las matemáticas después de criticarlas. Te equivocas. No rechazo su uso sino el exceso. Beber de todas las fuentes, recorrer todos los anaqueles, utilizar todos los ingredientes a nuestro alcance, no es incoherencia sino libertad. Además los prejuicios ideológicos no forman parte de mi carácter.

    Ni del tuyo porque, de lo contrario, no leerías mis cartas, ni yo las tuyas. Y no es una hipótesis sino un hecho. Así que imaginemos a las personas no como mónadas, sino como campos, y sus relaciones, como unión e intersección de conjuntos. Entonces si M, J, R y A representan a Merche, Juan, Rosario y Álvaro, la intercesión significaría que hay comunicación entre ellos. Claro que habría que tener en cuenta el tiempo porque la intersección y, por tanto, la comunicación puede aumentar o disminuir a lo largo de sus vidas. Quizá los ejes cartesianos hubiesen sido más prácticos, ¿no te parece? ¡Ah! Y no olvides que comunicarse y estar de acuerdo no son sinónimos.
 
    Al final va a resultar que la ansiada y dulce inmortalidad no se debe al genio ni al azar, sino a la naturaleza humana, porque no creo que sus Epístolas ni sus Ensayos hubiesen perdurado si, en vez de moral y de sí mismo, hablasen de música y geografía. Se equivoca Heráclito, sin embargo, si cree que todos los días son iguales, porque no importa tanto lo que haces como lo que sientes. Y si piensas que el tedio de la vida es inevitable. Recuerda que, a pesar de ser la guerra padre de todas las cosas, amamos la paz, las noches estrelladas y el mar en calma. No sé si la luna, el sol y las estrellas tuvieran conciencia pensarían que el cosmos es tan bello como proclama Platón, porque alguna distorsión producirá la distancia y el lugar en que se halla el observador. No creo que sientan lo mismo la víctima que el depredador, ni el que observa el cielo desde la Tierra que desde el corazón de la galaxia. Y si, algún día, percibes la misma imagen desde todas las perspectivas, o la rutina se apodera de tu mente, es que ha llegado el momento de preguntarse: ¿Te gusta? Obedece. ¿No te agrada? Sal por el camino que quieras. ¿Quién lo dice? Séneca, y también Epicuro. Y si creías que dogmáticos, videntes e iluminados estaban hechos de un material distinto no olvides que, aunque sabios, son sólo hombres, lo demás presunción, envanecimiento, engreimiento, fatuidad, vanidad, o sea nada. Entonces, ¿todo es inútil? ¿Inútil? ¿Acaso lo es la vida?

     Cuídate