Isaac en el monte Moriah

 

 

El holocausto de Isaac    Dibujo de Juan Capllonch Blanco

 

 

1.Ángel

     Soy el ángel de Yavé que detuvo el brazo de Abraham cuando iba a degollar a su hijo. ¡Extraños seres que necesitan desdoblarse para juzgar sus actos! Yo mismo hablo como si fuéramos dos personas, y no un producto de su mente. Presume de hablar con Dios, de haber sido creado a su imagen y semejanza ¡cómo si de existir Dios pudiera incitarle a cometer tan bárbaro acto! Si comprendiera que están solos, que son productos del azar, que actúan guiados por el dolor y el placer como el resto de los animales, no recurriría a Dios para justificar su conducta. Hasta ahora le bastaba con imaginar que Yavé se lo ordenaba para vencer cualquier obstáculo. En su nombre ha matado, robado, diezmado tribus y pueblos. Pero su locura ha llegado al extremo de querer probar su fe colocando, al ser más querido, en el otro platillo de la balanza. Difícil equilibrio vivir con dos mentes, ignorando cuál de ellas vencerá en cada momento. No sé hasta donde llagará su delirio. Espero que la cordura se imponga y consiga salvarlo. Porque puede que Dios le pida sacrificar a su hijo, pero nunca, por muy enferma que esté su mente, se lo pediría a sí mismo. La idea de matar a un hijo repugna a los instintos ¡y a la razón!, si es que son cosas distintas. Pero la cordura no casa con la naturaleza humana.

 

2.Abraham dialogando consigo mismo

 

-Voz: ¿Qué haces fuera de la tienda a estas horas de la noche?

-Abraham: Huir de ti.

-Voz: Más sabio es conocerse que huir de sí mismo.

-Abraham: ¡Bellas palabras si la sabiduría no fuera tan engañosa como los sueños!

-Voz: Si te conocieras, no buscarías fuera de ti sosiego para el alma. ¿O crees que sabio es el que observa el cielo, lo puebla de dioses y consulta las estrellas? Sabio no es el que sabe, sabio es el que se conoce.

-Abraham: ¿Es que nunca dejarás de atormentarme?

-Voz: ¿Crees que depende de ti o de mí que hable o calle? Ni siquiera Dios podría evitarlo. Vivimos y morimos como nacemos, no como queremos. La manera de ser sujeta con manos férreas deseos, vicios y sueños.

-Abraham: Calla, déjame descansar, aunque sólo sea esta noche. Si pudiera elegir viviría dormido o muerto.

-Voz: Te conozco, a mí no puedes engañarme. No te atormenta mi voz, te atormentan tus pensamientos.

-Abraham: Ojalá no hubiera frontera clara entre la vida y la muerte, la vigilia y el sueño para dormir, o morir, según el momento.

-Voz: ¿Y de qué te serviría? Podrás detener la lengua, no los pensamientos.

-Abraham: ¿Adónde iré? ¿Dónde me ocultaré si el dolor no distingue entre el día y la noche? Pero esta vez tendrá que cumplir su promesa. ¿O creía que me detendría ante mi propia sangre?

-Voz: No dejes que se apoderen de tu mente, no dejes que nublen tu alma, los malos pensamientos se disipan, cuando cruza el cerco de los dientes. La conciencia del dolor suaviza los pensamientos

-Abraham: ¿Acaso crees que me sentiré mejor confesando lo que me oculto a mí mismo? ¡Cómo si las palabras fueran menos dolorosas que los pensamientos! Preferiría sentir el terror en su ojos, y el calor de su piel en mis manos que confesarlo. Porque los hechos se olvidan, los recuerdos permanecen.

-Voz: No lo hagas, ni las fieras hambrientas devoran a sus hijos.

-Abraham: Tengo que hacerlo. ¿Acaso una vida vale más que la felicidad del pueblo?

-Voz: Si lo haces, la conciencia te perseguirá día tras día, noche tras noche. Y sólo en la muerte encontrarás refugio. ¿O crees que la conciencia y la vida son cosas distintas?

-Abraham: Y tú dices conocerme. ¡Cómo si la mente no fuera oscura y sus intenciones inescrutables!

-Voz: Habla claro, ¿qué intentas decirme? Ojalá las palabras fueran claras y distintas como los pensamientos.

-Abraham: ¿De verdad crees que sacrificaría a Ismael? ¿De qué me servirían estas tierras sin descendencia?

-Voz: Pero lo prometiste.

-Abraham: Prometí que sacrificaría a mi hijo, no al hijo de una esclava, aunque dudo que Sara, a su edad, haya podido darme un hijo.

-Voz: ¿Intentas burlarte? ¿Crees que Dios es sordo, ciego y mudo? Si yo puedo leer tu mente, ¿qué no podrá Yavé siendo omnisciente y todopoderoso?

-Abraham: ¿Crees que no sabe que ese niño no es mi hijo? Es una señal. Intenta probarme.

-Voz: Y si lo fuera, para Dios nada es imposible, ¿o has olvidado su promesa? “El próximo año por este tiempo volveré y Sara tendrá ya un hijo”.

-Abraham: No temas, lo sabré en su momento. Dios no permitirá que hunda el puñal en el cuello de mi hijo.

-Voz: Y si no lo es, ¿de que sirve que muera un inocente?

-Abraham: ¿Prefieres que siga vivo e Ismael muerto?

-Voz: Podrás engañar a Dios, incluso a ti mismo, pero no a una madre. Sara no te entregará a su hijo. La fe adormece, no elimina los sentimientos.

-Abraham: Y ¿cómo va a impedirlo? Nadie en su sano juicio sospecharía que un padre sacrificaría a su hijo.

-Voz: Vamos vuelve a la tienda. La noche alimenta los peores pensamientos. Cuando amanezca, la luz aclarará tu alma, devolviendo la cordura a tus pensamientos.

-Abraham: Después de matar, nada volverá a ser como antes. Que mate con la mano o con el pensamiento, ¿acaso importa? Tan pecaminosa es la intención como los hechos.

-Voz: Dios te perdonará.

-Abraham: Lo sé, pero el mal ya estará hecho.

 

3.Ángel

     Desgraciados seres que para sobrevivir necesitan de la mentira y el engaño. Es la voluntad de Dios, dicen. ¡Cómo si Dios tuviera deseos, sentimientos y pasiones como los hombres! No sé si existe Dios o es un producto de la mente, si hay un solo Dios o varios dioses, si es misericordioso, omnisciente y todopoderoso. Pero sí sé que cuando roban, matan y asesinan en su nombre; no roba, mata y asesina Dios; roban, matan y asesinan los hombres. Si comprendieran que conocerse es el mayor de los bienes, que la bondad y la maldad dependen de la manera de ser, y la manera de ser de las circunstancias, que es más sabio aceptarse como son, que tratar de ocultar su propia naturaleza, no culparían al destino, a Dios y al azar de sus propias decisiones. Aunque, en el fondo, da lo mismo, ni el saber puede cambiar la conducta, ni las palabras los hechos. La fe y la razón no hacen mejores a los hombres. Y si creen que insuflando vida a sus creaciones no serán culpables ni responsables de sus actos, se equivocan. El dolor, la muerte y el sufrimiento no distinguen entre animales y hombres, buenos y malos, culpables e inocentes. La esperanza es la sabiduría de los necios; la ignorancia, de los sabios. Ahí viene Agar con su hijo Ismael de la mano. No habría vuelto con su ama, si no tuviera que confesarle algo importante.

 

4.Diálogo entre Agar y Sara

 

-Sara: ¿Cómo te atreves a presentarte ante mí después de humillarme?

-Agar: Tu hijo corre peligro. “El padre que lo engendró con su propia mano va a matarlo”.

Sara: “¿Cómo?”

-Agar: “Con un puñal va a ensangrentar el cuello de tu pobre hijo”.

-Sara: “Rechazo, esclava, tus palabras. Sin duda desvarías”.

-Agar: Es esclava mi mano, no mi lengua.

-Sara: Vete, márchate.

-Agar: ¿Es que no lo comprendes? Si no detienes el golpe, la mano de tu esposo será la tumba de tu hijo.

-Sara: ¿Y por qué iba a creerte? No hay mujer más maliciosa que una mujer despechada.

-Agar: ¿Crees que habría regresado si temiera por mi vida? No hablo como mujer, hablo como madre. Si intentara hacer daño a mi hijo le cortaría las manos a dentelladas.

-Sara: ¿Cómo puedes acusar a tu amo de tan impío acto? ¿Es que no tienes corazón? Sólo una mente retorcida pensaría que un padre derramaría la sangre de su hijo.

-Agar: A cambio de estas tierra haría cualquier cosa.

-Sara: ¿Por qué Isaac? ¿Es que no es Ismael el primogénito?

-Agar: Dios exige inmolar a tu hijo, no al hijo de una esclava.

-Sara: Jamás creeré a los que matan, roban y asesinan en su nombre. ¡Cómo si las leyes divinas fueran distintas de las leyes escritas en el corazón de los hombres!

-Agar: Contra la fuerza de la fe nada puede la verdad ni la mentira.

-Sara: Un crimen es un crimen para Dios y para los hombres. ¿O es que Dios recorre el cielo como los bandidos recorren el desierto?

-Agar: Tienes que saberlo, aunque te duela. Porque no hay palabras más verdaderas que las susurradas al calor de las sábanas.

-Sara: ¿Es que hay algo más doloroso que la muerte de un hijo?

-Agar: Para una madre no.

-Sara: ¿Qué quieres decir? Me dan miedo tus palabras.

-Agar: El amo niega que Isaac sea tu hijo.

-Sara: Pero Dios se lo prometió. ¿O ha olvidado sus palabras?

-Agar: No cree que Dios le hablara.

-Sara: Mi esposo desvaría. Yo “le oí desde la puerta de la tienda” decir: “Abraham, ¿por qué se ha reído Sara?”. Y, como yo, asustada, lo negara, volviéndose hacia mí insistió: “Sí, te has reído”? ¡Cómo no me iba a reír! No creí “que pudiera parir siendo tan vieja”.

-Agar: ¿Y te extrañas que él tampoco lo creyera?

-Sara: ¿Para que sirven las palabras si él, el mismo que me susurraba que para Dios nada es imposible, que alababa al Altísimo por darle descendencia, qué sentía en sus manos cómo mi vientre crecía, niega que el niño que le besaba y abrazaba cuando regresaba con el ganado, que imitaba sus gestos y transportaba la leña para el sacrificio sea su hijo? Ojalá pudiéramos ver tras las palabras, los pensamientos y, tras de los pensamientos, las intenciones para distinguir a los buenos de los malvados. Más sufrimientos provocan la ambición, la envidia y los celos que la pobreza y las enfermedades. Te lo digo yo que he sufrido viendo a tu hijo crecer y mi vientre estéril. Pero puedes estar contenta, has conseguido lo que querías, tus palabras han envenenado mi corazón y mi mente. Así que habla, te escucho, y no me ocultes nada. Quiero saberlo lo que hacía, lo que pensaba, si era de noche o clareaba, si estaba despierto o soñaba.

-Agar: Dormido, aunque parecía que mirara.

-Sara: ¿Hablaba con claridad o susurraba?

-Agar: Susurros claros como el alba.

-Sara: ¿Qué dijo? ¿Cuáles fueron sus palabras?

-Agar: Háblame Dios mío, ¿qué quieres de mí? Mi corazón te oye pero no te entiende.

-Sara: ¿Tan cerca de él estabas?

-Agar: A su lado, podía tocar sus labios y su cara.

-Sara: ¿Se aferraba a tu cuerpo o daba vueltas por la cama?

Agar: A veces casi me ahogaba, otras veces, gemía, incluso lloraba.

-Sara: ¿Cómo supiste lo que tramaba?

-Agar: Debía estar soñando porque, acariciándome la cara, susurró: Señor, soy tu siervo, haré lo que me pidas, cualquier cosa, lo que desees. Si quieres que muera moriré, que tiña de sangre la arena del desierto, la teñiré, que cubra el Jordán de cadáveres, lo cubriré. Pero no me pidas que sacrifique a mi único hijo. Horrorizada traté de zafarme, pero sujetándome con fuerza añadió: Prométeme, Señor, que Sara no lo sabrá hasta que le entregue el cadáver de su hijo”. Entonces comprendí lo que planeaba, iba a sacrificar a Isaac, a tu hijo. Temiendo por mi vida huí al desierto. Pero, no podía quitarme de la cabeza, la imagen del amo deambulando con el cadáver de Isaac en los brazos. Y, a pesar de tus amenazas, aquí estoy porque soy esclava, pero también soy madre. Y, para una madre, la muerte de un hijo es peor que su propia muerte.

-Sara: Ah, infeliz de mí. ¿Es que está loco mi esposo?”.

-Agar: Loco y cuerdo, porque no es el mismo hombre por las noches que por las mañanas.

-Sara: ¿Qué quieres decir? No he conocido a otro hombre.

-Agar: Que parecía estar cuerdo de día y desvariar por las noches. ¿O crees que si estuviera en sus cabales soñaría con sacrificar a su hijo sin despertarse horrorizado si, como aseguran los sabios, en los sueños hablamos sin tabúes ni mordazas?

-Sara: Loco, o cuerdo, no dejaré que lo degüelle como si fuera una alimaña.

-Agar: Y, ¿cómo harás? Su fe en Dios es inquebrantable.

-Sara: Por un hijo una madre haría cualquier cosa.

-Agar: Vigila tus pensamientos, no vaya tu mente a fondear en las mismas aguas, la locura es contagiosa.

-Sara: Preocúpate de sus palabras y contesta. ¿Llevará a su hijo con engaños o a la fuerza?

-Agar: Porteará la leña para el sacrificio.

-Sara: ¿Dónde llevará a cabo tan infame acto?

-Agar: En el monte Moriah, sobre un altar de piedra verterá la sangre de tu hijo.

-Sara: ¿Lo atará o esperará que se duerma?

-Agar: De pie y manos para que no se mueva.

-Sara: Juro por Dios que no será su víctima.

-Agar: ¿Y cómo lo impedirás?, ¿con artimañas o por la fuerza?

-Sara: Cuando levante el brazo homicida, gritaré con todas mis fuerzas: “Detente, Abraham, no le hagas nada, he visto que temes a Dios, pues por mí no has perdonado a tu hijo, a tu unigénito. Y cuando abra los ojos verá un carnero enredado en la zarza”.

-Agar: No te obedecerá. La fe es ciega, sorda y muda.

-Sara: Obedecerá si Yavé se lo ordena.

-Agar: ¿Cómo harás para que te crea?

-Sara: Con unas hierbas haré que vea y oiga lo que está en su cabeza.

-Agar: ¿Y si reconoce tu voz?

-Sara: Que Dios se apiade de su alma. No hay fiera más temible que una madre acorralada.

 

5.Ángel

     Dicen que hay un solo Dios. ¡Cómo si de haber nacido en Tiro o en Tebas no adorarían a un carnero o a un demonio! Y no critico sus desvaríos sino su ignorancia. ¿O creen que se debe a la casualidad que imaginen a Dios providente, omnisciente y todopoderoso? Más felices serían reconociendo que son hijos del azar que esclavos de sus contradicciones e incoherencias. ¿O es que no comprenden que si Dios fuera bueno y misericordioso Abraham e Isaac no habrían pasado por tan doloroso trance, y que si ignoraba si Isaac moriría no sería omnisciente y todopoderoso? ¡Extraños seres que prefieren el sinsentido a vivir sin mentiras ni engaños! Aunque quizá no sean tan necios como parecen porque sin Dios, sin el más allá y sin el progreso, no sobrevivirían. La religión, el arte, la filosofía, la ciencia…..¡Bellas maneras de endulzar la incertidumbre, el dolor y el sufrimiento! La imaginación, no la fe ni la razón, da sentido a la existencia.

 

 

El sacrificio de Isaac   Dibujo de Juan Capllonch Blanco