El lucero del alba

 

Comenzó el banquete
cuando el tozudo lucero
cedió el laurel
a los vástagos de la noche.

El vino y los laúdes
acortaron las distancias
bailando los enamorados
al ritmo de las palmas.

Cuando el noctívago
se dejó ver en el cielo
las mesas estaban vacías
y los enamorados se besaban.

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