Meditaciones en el Mihrab

 

Sólo tu visión, ignorante de las miserias humanas,
purifica mi alma. No creo en los hombres
ni en sus obras, ornamentos de Ares.

Sólo en ti, dorado coagulo de fantasía,
hallo la paz que entre los hombres no encuentro,
tu luz circular, intenso sueño esférico,
despierta en mi corazón latidos que me enorgullecen,
tu belleza, soplo arrebatado a un dios olvidadizo,
ensancha mi alma y agita mi pecho,
excitados mis sentidos me siento feliz.

Sólo tú, pequeño rincón de enamorados,
libera sentimientos ignorados, pasiones desbordantes.
Inmerso en la locura, brota de mi cuerpo
un irresistible amor por tus piedras.
Como las lágrimas del joven enamorado
movieron a la diosa a infundirle aliento
a la pétrea estatua de Praxíteles,
yo, tu esclavo, te suplico, con el mismo ardor que Parsifae,
que siguiendo el ejemplo de la diosa extranjera
des vida a estos amados muros
o me conviertas en alondra de piedra.