Recuerdos de la infancia

 

Recuerdos lejanos de la infancia,
aguas tranquilas, segadas por suaves corrientes,
enjambres de luces y olas
que en lenta procesión atraviesan los mares abiertos
avanzando con sus imaginarios remos
siempre hacia el horizonte.

Playas de mi infancia,
claridad dulce de salitre y brisa,
años humedecidos con sabor a marea,
sentimientos varados en la arena,
encallados junto a viejos troncos carcomidos,
trenzados con algas arrastradas
por el temporal de mar adentro.

Playas vírgenes coronadas de juncos y matas espinosas,
ignorantes de la esencia de una humanidad que naufraga,
envases, botellas vacías, ¡toda clase de desperdicios!
¡Cuánta suciedad!
En mi alma se agitan voces no nacidas
exigiendo el retorno,
el cese de la locura,
del matricidio suicida.

Mis playas,
su agitada transparencia,
sus huidizas gaviotas,
la inquietud de su fondo arenoso,
su inmenso horizonte radiante y afilado,
la sequedad blanca de la arena,
Cortadura, el atlántico es mi mar,
en primavera, manadas de delfines galantean en sus orillas
agitando sus olas los cálidos suspiros del desierto.

Entre las rocas, sigiloso, un niño
atraviesa con un gancho
espejos luminosos constantemente rehechos,
tentando las oquedades más profundas.
Sus huellas abandonadas
dibujan en la arena recién humedecida
pequeñas laderas de juguete
coloreadas de risas y carreras.
Las gaviotas perseguidas
giran sus cuellos grises,
ensayando torpes saltos,
quedando aquellos años
enredados en sus alas.

Mi infancia anidó
en el cruce del mar con el océano.

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